Celebra La Luz del Mundo 94 años de presencia en México

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Aquello que fue, ya es: y lo que ha de ser, fue ya; y Dios restaura lo que pasó.

Eclesiastés. 3:15

Existen en la historia de la humanidad, sucesos, que en el presente de su existencia pueden parecer pequeños, irrelevantes, sin mayor importancia, extraordinariamente discretos, si se les quiere comparar con otros acontecimientos presentes, de aparente mayor relevancia, de más colorido, y de los que se supone, tienen mayor trascendencia.

Pero esto solo es aparente, porque esos sucesos encierran dentro de sí, una extraña fuerza, una voluntad formidable, y una grandeza irrepetible, que les hace trascender por encima de las medidas del tiempo que los comprende, y más allá de las dimensiones físicas de los protagonistas a quienes se refieren, logrando afectar después de ellos, con sus consecuencias, a un número mayor de personas, y a un espacio de tiempo inmensamente mayor al que tomo su realización.

El cristianismo en sus inicios

La historia universal, nos remonta al cristianismo primitivo. In illo tempore, tuvo lugar en el puerto de Troas (Hech.16:6) en las Actas de los Apóstoles, ese libro que fue escrito con toda la sencillez de un manuscrito, y que nos cuenta de primera mano las noticias, de aquellas personas que con su vida y fe lograron cambiar al mundo. El relato cuenta la siguiente crónica: “Atravesando Frigia y la provincia de Galacia, no pudieron hablar la palabra en Asia; y cuando llegaron a Misia, intentaron ir a Bitinia, pero tampoco fue posible. Entonces, pasando junto a Misia, descendieron a Troas.” Allí tuvo lugar uno de esos sucesos a los que nos hemos estado refiriendo, un hombre demasiado cansado se recostó para intentar dormir, estaba muy cansado, cansado de tanto intentar, de hablar sin que nadie le quisiera escuchar, de llamar sin tener respuesta, como no lo quisieron escuchar entre los de su pueblo, salió para Frigia y la provincia de Galacia, con el único propósito de anunciar un nueva que a él le había cambiado la vida;  pero por alguna razón, por más que lo intentara algo les impedía seguir  predicando  en Asia. Cansado de tanto intentar, se recuesta para dormir y entonces tiene lugar un suceso extraordinario, una visión, un varón macedonio le llama pidiéndole ayuda. Al momento se levanta para ir a ayudarles: “dando por cierto que Dios nos llamaba para que les anunciáramos el evangelio”, escribiría Lucas, recordando tiempo después esta anécdota. 

Aquel hombre era Pablo, el Apóstol, y las consecuencias de esa decisión,   fue la primera creyente y su familia: Lidia, aparentemente, muy poco, si se considera el suceso desde la sola perspectiva de los números, sin embargo, esa madrugada la decisión de un hombre, marcó el destino no solo de la familia de Lidia, sino la suerte de todo un continente Europa y de una civilización la nuestra occidental, fueron los primeros creyentes cristianos de Europa y de occidente.

Inicia la restauración el 6 de abril de 1926

Algo muy similar sucedió, esa madrugada del 6 de abril de 1926 en Monterrey, uno de estos momentos trascendentales que logran afectar de manera significativa la historia, aún era de noche, cuando Eusebio Joaquín González, escucho una voz que cambiaría en lo futuro no solo la perspectiva de su vida, sino que marcaría años después un rumbo en la vida religiosa de México y del mundo, fueron solamente unas palabras: “Tu nombre será Aarón, lo haré notorio por todo el mundo y será bendición”. No había páginas con proyectos metódicamente preparados, para golpear a la religión mayoritaria, desde las alturas del Estado, como algunos suelen insinuar. No, Aarón Joaquín, no nació en una oficina gubernamental, quienes así lo han llegado a afirmar, olvidan cuidadosamente, que el proyecto de Calles, al que maliciosamente se refieren, tiene nombre y apellido, se llamó y se llama aún iglesia Católica Mexicana.

La realidad de Aarón Joaquín es muy distinta, él estaba solo en esa madrugada de abril, y permaneció solo sin más compañía que la de su esposa, durante muchos años más, solos y compartiendo todo tipo de privaciones. ¿Por qué? Porque Eusebio Joaquín, escucho algo en esa voz, que sacudió su interior, porque sus ojos vieron algo que parecía imposible, pero que transformó de manera inevitable su vida, dándole un sentido y una misión a su existencia, que terminaría afectando al mundo religioso de México y del mundo. Entendió que no estaba tan solo como le mostraban sus sentidos, sino que existía Alguien, para quien su vida y la vida de todas las demás personas, no era solo una cifra, entre los millones de segundos que comprende el tiempo. Eusebio Joaquín, creyó en la voz que escucho, y asumió los costos de su creencia, se convirtió en Aarón Joaquín, y comenzó a difundir el evangelio de Jesucristo, acompañado de su Biblia y de su fe.

A 94 años, la iglesia en 60 países

Hoy, es muy posible que muchos, no sepan de este suceso, pero quizás han visto alguno de los templos de la iglesia, el templo sede de la Iglesia La Luz del Mundo en Guadalajara, o quizás has visto a sus miembros, o habrás oído hablar de los miembros de la Iglesia.

El calendario nos recuerda esta fecha, y somos nosotros los millones de creyentes lo que traemos esta fecha para traer un elemento identitario que nos ayude a entender este presente, incierto e inquieto. Hoy nosotros estamos aquí,  porque ese 6 de abril, Aarón Joaquín, creyó que esto sería posible, y hoy nosotros  ya no solo estamos en México, sino en 60 naciones del mundo, y recordamos esa fe, y ese llamamiento, que ha logrado hacer de nosotros, en muchos casos, mejores hombres y mujeres, mejores ciudadanos como era su máxima: “mejores cristianos, siempre serán mejores ciudadanos”, pues estaba convencido, que el cristianismo no debía de contenerse en los templos, sino que debería de trascender los muros de estos y llegar al universo de la realidad cotidiana, afectando de manera positiva la vida del ser humano.

Es por eso, que en este 2020, continuamos esforzándonos para que la realidad de Cristo y su mensaje adquieran forma y sentido en cada una de nuestras vidas, este mensaje y enseñanza son ahora muy importantes. Nosotros también somos creyentes, creemos, llenos de fe, vemos las crisis, como esta sanitaria que enfrentamos en todo el mundo, con confianza: sabemos que para los que aman a Dios, todas las cosas cooperan para bien, esto es, para los que son llamados conforme a su propósito. 

Esta es la enseñanza apostólica, nos la enseñó, el hermano Aarón Joaquín, y continúa enseñándonos el Apóstol Naasón Joaquín García.

Hoy que recordamos esa fe, nos sentimos motivados para seguir adelante, porque estamos convencidos de que, Dios siempre responde, a quienes esperan en Él.

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