ELIMINACIÓN DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER: UN PASO A LA EQUIDAD EFECTIVA – LA LUZ DEL MUNDO

Las mujeres y las niñas constituyen la mitad de la población mundial y por consiguiente la mitad de su potencial. La equidad de género es un derecho humano fundamental y es imprescindible para lograr sociedades pacíficas, con pleno potencial humano y capaces de desarrollarse de forma sostenible.

La cotidianidad social observa con frecuencia un alejamiento demarcado de las mujeres y sus derechos, quienes por varios siglos han sido consideradas como débiles y por ende susceptibles de todo tipo de actos que vulneran su dignidad e integridad personal, siendo perpetrado ello por personas que integran su núcleo familiar, escolar, laboral y en general interpersonal. Es así como a diario se reportan en todo el mundo miles de casos de violencia contra las mujeres en sus distintas etapas de desarrollo ( niñas, jóvenes, adultas y de la tercera edad), lo cual ha sido motivo de preocupación para los gobiernos, quienes a través de la creación de dependencias y organizaciones, han intentado mitigar y eliminar por completo la discriminación, desigualdad y violencia manifiesta en contra de las mujeres, al tratarse de un aspecto no susceptible de tolerancia.

La Organización de las Naciones Unidas, al ver la necesidad de hacer efectiva la protección hacia las mujeres, quienes en el trascurso de la historia han sido constituidas como víctimas de la violencia física, psicológica, cibernética, sexual y emocional,  en calidad de órgano internacional encargado de promover entre otras cosas la paz y los derechos humanos en general, el 17 de diciembre de 1999 creo el día internacional de la eliminación de la violencia contra la mujer, a fin de concientizar sobre el papel protagónico que juega en la sociedad, por su capacidad de innovación, gestora de vida, transformadora de la realidad y sobre todo por su condición de tal, la de mujer.

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En la Iglesia La Luz del Mundo se reconoce a la mujer como pilar fundamental, no solo de la sociedad, sino también de la misión cristiana evangelizadora. Por esta razón, lejos de crear escenarios discriminativos, lo que se realizan es un trabajo constante en la defensa, promoción y materialización de sus derechos, atendiendo a la enseñanza cristiana en la que se propende por la inclusión, igualdad, equidad efectiva, amor, respeto, tolerancia y protección de todos sus integrantes, sin distinción alguna “con toda humildad y mansedumbre, soportándonos con paciencia los unos a los otros en amor” Efesios 4: 2.

En efecto, se ve a la mujer como un vaso frágil de sumo cuidado, el cual no es débil y es producto de la perfecta obra creadora de Dios, por lo que se rechaza cualquier tipo de violencia ejecutada en su contra.

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