La gratitud en tiempos de pandemia

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En el mundo actual, cada vez es más común ver a los seres humanos vivir profundas tristezas -producto de penas amargas, aflicciones no superadas o por problemáticas como la que se vive recientemente por la pandemia del coronavirus-, con grandes depresiones: melancólicos, con nostalgia, viendo el pasado lleno de desdicha. ¿Cuál es la causa? No es la falta de dinero, porque hay muchas personas que lo tienen; no es por falta de seres queridos, por qué hay quienes los tienen a su lado; no es por falta de objetivos, porque muchos han logrado metas; no es por una salud delicada, ya que muchos de ellos tienen salud; no es por alcanzar algún logro, porque muchos de ellos lo han alcanzado…

Cuánto nos sorprende escuchar a personas que, a nuestro parecer, lo tiene todo; decir que se sienten dolidos, traicionados, solos… Ni aún por el hecho de haber alcanzado algunos el ‘éxito’; incluso, dicen que se sienten hartos de la vida, decepcionados y aburridos de haber logrado lo que han querido, pero con todo y eso se sienten vacíos. Sienten que no han obtenido lo suficiente en la vida. Algunos, buscan en los profesionales de la salud mental una respuesta y una solución a esa sensación y estado; pero no la han encontrado.

¿Por qué buscar en el mundo la paz que sólo Dios nos puede dar, pero que verdaderamente padecen todos ellos la falta de nuestro Dios?

La verdadera alegría

Hoy, ante la situación de incertidumbre que se vive en todo el mundo, es preciso traer a la conciencia que Dios es el consuelo, la verdadera alegría, la felicidad del ser interior. Existe una ‘alegría’ falsa, nociva, que daña, que no es permanente, sino efímera; que deja a su paso por el corazón del hombre un raudal de amargura y de tristeza.

La alegría que Dios deposita en el corazón del hombre es inamovible, inalterable y eterna. No la afectan las circunstancias, ni depende del estado de salud, ni de la economía, ni de si estamos rodeados de nuestra familia o no, ni se desvanece en los días de la angustia -al contrario, es cuando más se hace presente-.

Las sagradas escrituras refieren que la alegría que Dios depositó en los integrantes de la Iglesia primitiva, no estaba sustentada en el dinero, ni la salud, ni los familiares. La felicidad es más grande que eso, en quien aún sin tener riquezas o teniendo enfermedades, podamos decir que somos felices, porque nuestra felicidad no consiste en la dependencia de objetos de valor o de personas.

La felicidad perfecta

La felicidad que se vive y siente, en congruencia de pensamientos y acciones, es la que Dios pone en el corazón. Pudiera ser que una persona está reunida con muchas personas, en una actividad que le llena de satisfacción y luego vuelve a su hogar. Se sienta en su sillón, se acuesta en su cama y allí trae a su pensamiento: ¡SEÑOR, QUÉ FELIZ SOY CONTIGO!

Solidaridad y fraternidad como ejes de la felicidad

Millones de personas, se han visto desfavorecidas durante esta pandemia, considerada una de las más letales de los tiempos actuales. Personas de la tercera edad, o que han perdido su empleo, así como los que tienen limitaciones económicas han encontrado en personas, como los integrantes de la Iglesia La Luz del Mundo, un apoyo ante la adversidad, pues en decenas de países les han compartido víveres y alimentos, así como el acompañamiento espiritual.

Los profesionales de la salud están presentes en las oraciones diarias de los creyentes a esta fe religiosa, quienes desde su casa participan de los cultos que son trasmitidos a través de la web www.lldm.org

Incluso, durante estas semanas, sus templos se iluminaron de azul, en muestra de reconocimiento a estos héroes que todos los días arriesgan su integridad para dar lo mejor de sí en favor de contener la propagación del coronavirus.

La Iglesia, se ha destacado por décadas en ser la primera que en situaciones desfavorables lleva esa ayuda humanitaria, tanto a sus hermanos, como a la sociedad en general-

Disfrutar con libertad las bendiciones de Dios

¿qué significa la alegría verdadera? Es saberse, en primer lugar, hijos de Dios. Es disfrutar con libertad de todas las bendiciones de Dios, porque todo lo que hacemos es para su gloria.

Hemos sido testigos también hombres recios, duros, curtidos por la dureza de sus vidas. Los hemos visto doblar sus rodillas delante del Señor Jesucristo, llorando de felicidad, disfrutando su calor espiritual. Cuánta dicha es ver aquellos hombres que en otro tiempo llegaban a su casa para golpear a sus hijos, sus compañeros, por impotencia o frustración, o por los vicios, y ahora, por Jesucristo y su Palabra, se acompañan para darle la gloria al Señor, para reconocer que es por Él la alegría que viven y disfrutan; que fue Dios, por medio de su Palabra, quien mudó su tristeza en gozo y su vacío en plenitud.

Este mensaje, es el que el Apóstol de Jesucristo, Naasón Joaquín García, ha venido impartiendo a toda persona.  Es una invitación a la sociedad en todo el mundo, a buscar en Dios la respuesta a sus necesidades. Nos hace ver que nadie va solo, hay un ser superior que quiere otorgarnos esa alegría y felicidad perfectas para bien de nuestra familia. Enhorabuena.

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