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La Luz del Mundo promueve la Libertad de conciencia

El 10 de diciembre de 1948 la Asamblea General de las Naciones Unidas firmó la Declaración Universal de los Derechos Humanos como respuesta a los “actos de barbarie ultrajantes para la conciencia de la humanidad” perpetrados durante la segunda guerra mundial.

Fue la primera vez que los países acordaron las libertades y derechos que merecen protección universal para que todas las personas vivan su vida en libertad, igualdad y dignidad.

De los 30 artículos que componen el documento, el número 18 señala que toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión; este derecho incluye la libertad de cambiar de religión o de creencia, así como la libertad de manifestar su religión o su creencia, individual y colectivamente, tanto en público como en privado, por la enseñanza, la práctica, el culto y la observancia.

La libertad de conciencia o libre albedrío, es el principio que defiende el derecho que tiene cada ser humano de elegir por sí mismo. Es un derecho concedido por Dios para que el ser humano decida sobre sus propios actos, con responsabilidad y compromiso social. Lamentablemente, a través de la historia miles de personas han sufrido discriminación, perjuicios, agravios y hasta la muerte en épocas cuando la fe, la moral o las expresiones eran algo impuesto.

De manera paralela, la libertad religiosa es un regalo de Dios. No es resultado de un acto de tolerancia, dádiva o concesión. Dios ha hecho libres a todos los seres humanos. Libres de aceptar, libres de negar y de tomar decisiones propias en cuanto a su destino espiritual.

La libertad religiosa reside en el corazón del hombre y le permite relacionarse con Dios. Es la base de quienes somos. La lucha por la libertad religiosa permite concientizar a la sociedad en que nadie debe restringir derechos, ni violentar la conciencia individual o coaccionar la fe.

Los miembros de la Iglesia La Luz del Mundo en diferentes foros han defendido el derecho a la libertad religiosa, en el marco de la separación de las iglesias y el Estado, siendo una comunidad que sostiene la doctrina cristiana testificada en la Biblia y sostenida por la predicación de los Apóstoles.

El Señor Jesús habla firmemente sobre la libertad y muchos dirían acertadamente que es la piedra fundacional de su Evangelio. Leyendo el libro de Isaías en la sinagoga de Nazaret, el Señor Jesús anunció que su ungimiento tiene el propósito de “sanar a los quebrantados de corazón… pregonar libertad a los cautivos…y poner en libertad a los oprimidos” (Lucas 4:18). El Señor liberó a todos los que eligieron seguirle de la esclavitud de sus pecados “Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres” (Juan 8:36).

El apóstol Pablo también predicó sobre la libertad. Ante los Gálatas se refirió a la esclavitud del legalismo y declaró valientemente “Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud.” (Gálatas 5:1).

Ser cristiano es sostener que todo ser humano tiene la capacidad para relacionarse libre, voluntaria y individualmente con Dios, por tanto, todo individuo es responsable de su persuasión de fe, así como de los actos que realiza como consecuencia de esa convicción, que desea tener y no debe tener ningún tipo de restricción social, política, económica o religiosa para ejercer dicha responsabilidad en forma autónoma, sino aquella que delimite y contemple la norma legal.

Nunca Dios impone a los hombres una verdad, sino que enseña sobre las consecuencias de una respuesta afirmativa o negativa, esperando a que el ser humano responda de acuerdo con su libre albedrío.